El poder del Control Social en la figura femenina de Cristina de Iturbe, en la novela Ifigenia, de Teresa de la Parra
Jenny Marlody Arias Durán*
Aspectos generales
El control social es una forma de ejercicio del poder que ha estado presente en todas las sociedades, los medios para hacerlo efectivo se ven reflejados en las diferentes prácticas culturales, por ejemplo, en la instauración de valores, en la formación de principios éticos que condicionan el comportamiento, en la institucionalización de costumbres familiares, en la existencia de creencias e incluso en la imposición de normas y leyes que buscan regular comportamientos.
No sobre todos los sujetos de una sociedad se ejerce el mismo control social ni se emplean los mismos medios de control, eso dependerá de la calidad del individuo, el rol que desempeñe socialmente y la clase social de la que haga parte. En este contexto, la mujer no puede ser obviada porque a lo largo de la historia ha sido condicionada, aconductuada y estigmatizada, ya sea por su condición biológica o por la forma en la cual enfrenta el mundo del conocimiento y asume las experiencias de la vida. Casos que pueden citarse, a manera de ejemplo: la sed de conocimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, inteligencia y sensibilidad reflejada en su producción poética, pero, menospreciada por la clase social eclesiástica de su tiempo y Santa Teresa de Jesús con su bello verso “muero porque no muero”, perseguida por declararse la esposa de Dios y concebir por fuera del orden establecido otra forma de servir.
Son estas formas de control social ya que a través de las creencias, de la imposición de prejuicios y de la opresión es posible ejercer el poder respecto de otros que pasan a ser los dominados, en el caso de estas dos grandes poetas, la reclusión en una celda fue la forma de escapar de esas situaciones represivas, pero, fueron víctimas del control formal de su tiempo: la Iglesia Católica y la Ley.
Otra de las modalidades para el ejercicio del control social hacia las mujeres han sido una serie de actos encaminados a dominar la voluntad o dirigir el comportamiento de la de esta de acuerdo al rol que se le ha asignado dentro de las Instituciones Sociales, por ejemplo, utilizar los medios de comunicación: radio, televisión, prensa y redes sociales para publicitar productos y servicios empleando a la mujer como objeto sexual; en el campo religioso, la elaboración del discurso alrededor de un pecado como es el de la lujuria y controlar la actividad sexual femenina o convertir el estereotipo de belleza –el del capitalismo- para hacer de la mujer un ser humano consumidor de bienes simbólicos y materiales inútiles.
En el ensayo: género y sexualidad, del investigador José Fernando Troyano Pérez, es posible leer las situaciones en las cuales la mujer se encuentra sujeta a un tipo de control social por su condición biológica y por el rol cultural dominante:
Las actividades más apropiadas para las mujeres son la prolongación de las funciones domésticas: educar, cuidar, servir. Cuando una actividad se feminiza, se devalúa (…). (Troyano; pp: 246)
Zygmunt Bauman hace alusión a este tipo de cuestiones sociales y de represión cuando manifiesta que:
Ser excluido se presenta como resultado de un suicidio, y no de una ejecución social; por lo tanto la expulsión se configura como un acto de buen sentido y justicia; los que la ejecutan se sentirán sensibles y correctos porque se convertirán en defensores de la ley, el orden y los valores de la decencia. (Bauman, pp: 163).
Esto sintetiza la incidencia que el control social tiene sobre aquellos que son controlados hasta el punto de ser excluidos de la esfera social y por consecuencia ser excluidos geográficamente de los espacios de interrelación castrándoles las posibilidades de desarrollarse, de sentir y de forjar una identidad colectiva y cultural. Casos comunes, la existencia de las cárceles, la construcción de reformatorios; la existencia de claustros religiosos y académicos.
Cristina de Iturbe, víctima del Control Social
Era necesario exponer aspectos generales sobre lo que se considera control social y enunciar algunas modalidades del ejercicio del control social, porque se realizará una lectura crítica sobre la presencia del control social en el personaje femenino de Cristina de Iturbe, en la novela Ifigenia, de Teresa de la Parra.
El sentido del ejercicio es tomar la figura femenina de Cristina de Iturbe como construcción de la representación de uno de los roles de la mujer: el del prototipo de la belleza, la disciplina, la doblegación, el orden y la obediencia; siendo estos factores el resultado del ejercicio de un control social: cultural, psicológico, religioso, sexual y simbólico.
En la novela Ifigenia, de Teresa de la Parra, figura en uno de sus personajes femeninos Cristina de Iturbe representada, en sus años de infancia, como una niña bella, de ojos azules, cabello negro y una gran presencia. Como parte de sus cualidades resaltan la disciplina, la sabiduría y la dedicación al estudio.
Pero, esto es apenas una fachada de lo que en realidad vive el personaje de Cristina de Iturbe, es posible afirmarlo porque cuando el personaje se amista con María Eugenia de Alonso-Ifigenia- revela todas las situaciones de control y opresión a las que ha sido sometida tanto en su ámbito familiar como en el Internado de las Damas del Sagrado Corazón de Jesús.
La vida de Cristina de Iturbe giraba en torno a situaciones de su pasado confusas, no aclaradas y concluidas, cosa que aumentaba su angustia y preocupación, lo que no le permitía sentirse segura de su identidad y de su personalidad.
Hija única de padre español, era huérfana de una madre inglesa a quien no recordaba. Las vacaciones largas las pasaba siempre, o con su papá que vivía en Madrid, o con unos tíos que solían veranear en San Sebastián. (De la Parra; pp: 24)
Es interesante analizar las formas de control social a las que el personaje de Cristina de Iturbe ha sido sometida, esto como un ejemplo de las situaciones concretas a las que se vieron enfrentadas o las que han vivido las mujeres en cualquier tiempo.
Control Social – Cultural: Cristina de Iturbe, no es huérfana de madre, la madre la abandonó por motivos de sus carrera artística, la de ser una gran actriz de teatro. Teniendo en cuenta estas dos situaciones, Cristina fue considerada ante la clase social a la que pertenecía como una hija natural, por lo tanto, era rechazada por los círculos sociales en los que se movía su familia.
Cuando yo era pequeña y vivíamos en Madrid, mis dos primas salían con la institutriz inglesa, y a mí casi siempre. Me sacaba a pasear solo una doncella. Nunca me llevaban de visita a ninguna parte, ni me invitaban tampoco a las fiestas de niños donde iban mis primas. (De la Parra; pp: 27).
Cristina de Iturbe la confiesa a María Eugenia de Alonso el martirio secreto de no poder vivir una infancia normal, es decir, el impedimento para poder relacionarse con los demás.
¡Claro!... ¿Qué quieres?... Si después de todo tienen razón: ¡Es una hija natural!… ¡No podemos imponerla donde no quieren recibirla! … tampoco se puede sacrificar a las otras dos niñas (…). (Op. Cit. pp: 29)
En este diálogo entre el tío de Cristina de Iturbe y su esposa, se resuelve de manera reveladora el motivo por el cual la niña es excluida de las visitas, de la posibilidad de compartir con otros niño o de relacionarse con los demás, esto es el ser una hija natural
Control Social – Religioso: El ser una hija natural, Cristina de Iturbe no iba a ser bien recibida en una institución de educación cercana a los círculos sociales de la familia, por lo tanto, fue enviada a Francia, al Internado de Damas del Sagrado Corazón de Jesús. Lugar donde fue expuesta de forma rigurosa a los actos disciplinarios y de obediencia, por ejemplo: no hablar a determinados momentos, sentarse de una manera o de otra, rezar a horas determinadas; adecuarse al lenguaje y a las relaciones con los demás.
Por fin aprendiste con las monjas, pero cualquiera diría que te enseñan a palos. ¡Qué aire de pollo mojado tienes hija mía! (Op. Cit. pp: 26)
El padre de María Eugenia de Alonso reconoce el principio de autoridad que tienen las monjas en la educación de las jovencitas, esto es una forma de legitimar el ejercicio del control social a partir de lo religioso.
Era en este recreo la merienda donde únicamente se toleraba la conversación, que estaba absolutamente prohibida en cualquier otro momento. (Ibídem)
El impedirle al ser humano comunicarse por medio de la palabra hablada es una forma de ejercer control porque se reprimen los deseos y los comportamientos que pueden surgir a partir de la palabra, en el caso de Cristina de Iturbe y de María Eugenia de Alonso, el encontrarse privadas de algo tan elemental es un signo de opresión.
Control Social – Ideológico: El personaje de Cristina de Iturbe fue aconductuado, desde el Internado de Damas del Sagrado Corazón de Jesús y desde su ambiente familiar a prepararse académicamente y en labores del quehacer de una mujer con la finalidad de unirse en matrimonio con un marido rico e influyente que limpiara su calidad de hija natural.
¨…No puedes imaginarte lo feliz que soy. Mi novio es guapísimo; me adora y solo vivimos el uno para el otro. Al casarnos, sacaremos el título de condes que a él le pertenece. Papá me dota a mí con doscientos mil duros. Nos regala además un hotelito en San Sebastián y el automóvil que queremos escoger…¨ (De la Parra; pp: 9)
Éste fragmento de la epístola que Cristina de Iturbe dirige a su amiga María Eugenia de Alonso, permite observar todos los elementos de alienación y de control social que se ejerció sobre el personaje, por ejemplo: comparar la felicidad con el matrimonio; idealizar la figura masculina como símbolo de la felicidad; adquirir un estatus para ser considerada persona; subsumir su existencia a un Hotel y un automóvil, todos valores impuestos por el capitalismo que se traducen en un dominio ideológico.
Control Social – Exclusión: la familia de Cristina de Iturbe optó por practicar la estrategia de la exclusión y de la reclusión. En la primera, sustraen a la niña de los espacios sociales de la familia porque es estigmatizada al ser hija natural –fuera del vínculo matrimonial- y la segunda, es aislada de ese espacio y es recluida en un Internado con la esperanza de ser educada como una dama para poder ser una buena esposa y mujer de sociedad.
Todo ser humano se encuentra sujeto a formas y medios de control social que determinan su comportamiento y el rol que desempeñan socialmente, lo que obedece a la existencia de factores como el cultural, el social, el económico, el religioso y el familiar. La mujer como sujeto parte de la sociedad no se encuentra exenta de ese tipo de situaciones.
En el caso concreto del personaje de Cristina de Iturbe, en la novela Ifigenia, de Teresa de la Parra; ésta es totalmente dominada por las formas de control social que la rodean: el estigma de ser hija natural; la imposibilidad de construir su identidad a partir de la familia; la extrema opresión sufrida en el Internado; el falso ideario de querer ser una dama de sociedad a partir de la posición masculina, lo que determinan su condición de mujer alienada y dominada.
Conclusiones
-Teresa de la Parra, evidencia maravillosamente las situaciones en las que una mujer –sujeto oprimido- es sometida a una serie de medios de control social que pretenden ordenar su vida e impedirle que ideológicamente pueda ser diferente a un modelo impuesto de comportamiento por el sistema de valores de su época, tal es el caso de María Eugenia Alonso y de Cristina de Iturbe.
-Es posible identificar, en esta parte de la novela –Ifigenia, Tomo II, páginas 26- los medios de control social formal e informal al que fueron sometidos los personajes a partir de estigmas como: no tener la figura materna; no ser reconocidas legalmente y simbólicamente por el padre; ser alejadas de su referente familiar para ser recluidas en una Institución educativa, privándolas de su derechos a la locomoción y al libre desarrollo de su personalidad.
-La mujer, ya sea por su condición biológica, de género o por su calidad de ser humano pensante e inteligente, también, ha sido víctima de formas de control social que son comunes a la cotidianidad de la vida, pero que, no han sido ajenas a ser representadas e interpretadas en la literatura o ser cuestionadas o convertidas en temas de discusión académica como lo hizo Teresa de la Parra en sus Tres Conferencias y en la novela Ifigenia.
*Abogada de la Universidad Santiago de Cali, Magíster en literaturas colombiana y latinoamericana de la Universidad del Valle; candidata a Doctora en Derecho. Actriz, rockera, buena amiga y amante de la naturaleza y los animales. Correo: jennyderecho@hotmail.com

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