Las drogas, el alcohol y la pérdida de la conciencia
¿Alguna vez han sentido que todo se vuelve más ligero, que las luces son más brillantes, que empiezan a experimentar un estado anímico y físico diferente a lo usual? ¿Han experimentado la risa espontánea y el trance entre el mundo de la conciencia y el de la inconsciencia? Pues así me sentí en mi primera experiencia probando marihuana en una fiesta. Recuerdo bien lo nervioso y la adrenalina que sentía minutos antes de comerme la mitad de una galleta que me habían ofrecido, no sabía que esperar y pensaba que podría tener todo bajo control. Creía que mi cuerpo era capaz de soportar un estado de trance y cambio. Minutos más tarde, mientras estaba sentado hablando con unos amigos empecé a notar que algo estaba cambiando, empecé a ver las luces más fuertes y coloridas, también los colores oscuros más tenues, me costaba seguir la conversación y cuando intentaba participar ya era demasiado tarde, al parecer iba mucho más lento que todo a mi alrededor. Veía mis manos y las sentía livianas, las movía rápido, pero la información física no concordaba con lo que mis ojos registraban y mi cerebro procesaba, de repente empecé a reír. Todo me daba risa, me daba risa el que todo me diera risa, me sentía alegre, me sentía feliz, me sentía entrando en trance, aun sin nunca haber experimentado ese tipo de trance, tampoco he experimentado otro tipo de trance.
Las personas a mi alrededor notaron rápidamente que yo estaba entrando en ese espacio, en ese tiempo, en ese estado que muchos de ellos conocían muy bien. Mas tarde estaba en el escenario más alto de todo el lugar, la brisa chocaba mi cara, las luces de la calle y la música se extendían en el aire, las personas que conocía estaban alrededor mío, bailábamos, la música sonaba fuerte, las personas se besaban y se reían, yo también me reía. Quería hablar, pero mi cerebro iba mucho más lento de lo normal, mis palabras eran diferentes, mis gestos eran diferentes, me reía mucho. De repente sentía más adrenalina, me sentía capaz de hacer muchas cosas, de abrazar y besar a todos o de hacer cualquier cosa, se habían ido de mi, muchas cosas que consideraba era mías, el pudor, el respeto y la timidez. Podría decir que mi noche terminó bien, que la felicidad perduro y que fue una experiencia excepcional, pero no fue así, sin quererlo estaba experimentando una situación que me llevaría a reflexionar profundamente, una experiencia que cambiaría para siempre ciertas ideas que tenía en mi mente, también la forma en la que veía a las personas que consumen sustancias alucinógenas. Debo aclarar que esto es una experiencia netamente personal y de cercanos a mí, por lo que homogenizar toda una experiencia de este tipo no es mi propósito, en este sentido hablo desde lo vivido con la plena confianza de que muchos otros han vivido experiencias totalmente diferentes, también con la convicción de que muchos se identificaran conmigo.
Considero que soy una persona que es intolerante a la inconciencia y a la perdida de la autonomía, lo había vivido al enfrentarme a situaciones con personas en esta situación y en donde en definitiva me había costado demasiado, pero ahora lo estaba viviendo en carne propia. Inicialmente pensé que perder el control podría ser algo positivo y que lo disfrutaría, que dejaría esa carga que se siente el tener o querer tener el control de las cosas todo el tiempo, pero termino siendo una forma con la que me di cuenta de que esos estados de trance representan no solo la pérdida del contacto con uno mismo, sino también la pérdida del contacto con los otros. Muchos dirían que el trance es una forma diferente de relacionarnos con otras personas y con nosotros mismos, en retrospectiva creería que es así, pero que sea una forma diferente de relacionarnos con nuestro entorno no significa que no perdamos o dejemos de lado detalles e interacciones importantes. Mientras bailaba estaba muy feliz y me reía mucho, no sabía por qué, pero sentía mucha felicidad, una felicidad que no muy seguido experimento. Sin embargo, hoy les hablare de la perdida y la desconexión que se viven en estas situaciones, situación que de seguro muchos conocen, pero de la que muy pocos hablan.
Inicialmente todo empieza por la pérdida del dominio propio, empiezas a perder tu capacidad de reacción, de coordinación e incluso de asimilación. Si bien es cierto, controlas tus movimientos, normalmente puedes decidir a donde ir o a donde no, no es el estado natural de tu cuerpo. Puedes ver lo que pasa a tu alrededor, pero quizá no lo entiendes, quizá no eres consciente de lo que realmente sucede al lado tuyo. Mientras estaba bailando intentaba hablar con amigos, pero me daba cuenta de que ya habían cambiado de tema o de que no podía hacer aportes a la conversación porque no conectaba rápido mis ideas. Había perdido mi poder argumentativo significativamente. En ese momento me sentí presente en aquel lugar sin estar realmente ahí, no me sentía presente como yo, no estaba yo ahí, quizá ahí estaba otro yo, el que estaba drogado y riendo, quizá fue una forma de conocer otro estado de mí, pero en definitiva no era el yo que siempre había sido.
Sentí que estaba ignorando y siendo ignorado, que estaba presente en ese momento en la vida de otros sin realmente estarlo, porque no entendía, no quería tampoco estar, no me interesaba el otro, solo estaba viviendo el momento. Gracias a esto me di cuenta de que en todas las fiestas en las que había estado en mi vida, siempre estuve rodeado de muchas personas que estando físicamente no estaban mentalmente, me di cuenta de que quizá en la mayoría de las fiestas siempre estuve solo, aun estando rodeado de muchas personas. En ese momento senti la soledad en la que estamos inmersos en una fiesta en donde las personas no están en sus cinco sentidos. En ese momento comprendí que mis recuerdos con amigos y demás en eventos y fiestas, era solo míos, no había recuerdos para compartir con otros porque esos otros no estaban presentes, sus cuerpos estaban allí, pero ellos no.
Lo más difícil del análisis de esta situación fue reconocer la ausencia de muchos, la ausencia de nosotros mismos cuando no somos conscientes, la pérdida que tenemos cuando entramos en el trance, los recuerdos, las risas y las conversaciones entran a un segundo plano cuando estamos en medio de esto. Quizá estas rodeado de muchas personas, pero estás solo. Hablas con la nada, sonríes y disfrutas con la nada, porque no hay nadie presente, todos están en otro lugar. Por esto y muchas otras razones, creo que muchas personas dejan el consumo de drogas en fiestas y demás, porque se dan cuenta de la realidad detrás de la emocionalidad. Admiro a los que deciden estar presentes, a los que valoran y disfrutan de los otros y de ellos mismos también. Es más fácil huir que permanecer, es más sencillo perder el control que mantenerlo y seguir adelante, es mucho más popular transitar por las calles de trance en trance que confrontar la realidad fuera del mismo.
Admiro a los que han decidido no olvidar y no ignorar en un mundo en donde la amnesia es casi obligatoria.

Comentarios
Publicar un comentario