¿Cómo afrontar la tiranía del dólar?

 






“It is better that a man should tyrannize over his bank balance than over his fellow citizens”

John Maynard Keynes, 1936



Freddy Cante
*


En su teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Keynes dejó entrever que la maximización de intereses y ganancias monetarias puede ir, con frecuencia,  en contravía del bienestar de nuestro prójimo.  Sin ambages,  afirmó que es preferible estrujar nuestro balance bancario, antes que sojuzgar a nuestros semejantes. 


Hordas de especuladores e inversionistas se apresuran a sacar sus capitales de Colombia, para llevarlos a Estados Unidos, atraídos por las altas tasas de interés que, en las últimas semanas y días, ha impuesto la Reserva Federal,  para afrontar la inflación en tal imperio.  También decenas de importadores siguen comprando insumos y bienes de consumo intermedio a los Estados Unidos. Además, millares de consumidores continúan, con enfermiza avidez cotidiana, comprando bienes y servicios importados. 


La racionalidad de los actores económicos es, cada vez, más proclive a la mayor estupidez: los estúpidos perjudican al prójimo,  y a ellos mismos, como magistralmente lo explicó Carlo Cipolla, en los principios fundamentales de la estupidez humana. En el corto plazo, los cazadores de dólares tendrán algunas ganancias pero, en el mediano y largo plazo, habrán contribuido a la ruina del país y de sí mismos. 


La moneda es uno de los activos más movibles existentes, y sus propietarios son de lo más desleales.   Tienen el espíritu de mercenarios y aventureros, que no experimentan algún arraigo ni preocupación seria respecto del futuro de la sociedad, de su patria o del planeta (nuestro hogar común). 


El economista heterodoxo de origen Alemán, Albert Hirschman, en su texto, Salida, voz y el Estado, hizo la distinción entre dos tipos de propiedad, a saber: no movible, y movible. La propiedad no movible es, fundamentalmente, la naturaleza (selvas, bosques,  y tierra cultivable), y los activos físicos de familias, comunidades y empresas, de gente que está arraigada y asentada en un territorio.  La propiedad movible está compuesta, predominantemente, por activos simbólicos e intangibles (información y diversas formas de dinero). También empresas minero-energéticas (que extraen acervos de materia y de energía para exportar), y por los bienes y servicios que venden mercaderes e intermediarios. Son propiedad movible, ofrecida al mejor postor, los portadores de capital humano que se venden en el mercado internacional. 


Quienes tienen activos movibles son más fácilmente desleales con un Estado: no tienen arraigo, no tienen patria, ni lealtades comunitarias o familiares. Viven extrayendo y transladando activos hacia aquellos lugares en donde estos ganen más rentabilidad. Además, dados los atributos de movilidad, y su componente simbólico y ocultable, pueden esconder propiedades financieras y, por lo mismo, evadir los impuestos y obligaciones que demanda un Estado de la ciudadania. Esta especie de anti-héroes viven huyendo de países que cobran impuestos,  hacia los diversos paraísos fiscales. 


Durante buena parte del 2020, debido al virus causante de la pandemia del Covid-19, con el resultante cierre de transportes internacionales y domésticos de pasajeros y de mercancías, se paralizaron y llegaron a quebrar empresas con actividades intensas en servicios personales, y en ciertos activos físicos. En tal período de calamidad pública prosperaron los poseedores de activos monetarios, y los manipuladores de grandes volúmenes de información (a través de algoritmos, y novedosas plataformas). 


En los últimos años emerge una crisis que pone en vilo la globalización. Esto  demandaría una mayor autonomía de las naciones, y un cuidado de la propiedad movible y no movible. 


En estos tiempos pandémicos se ha develado la enorme fragilidad de la globalización: en los primeros meses del 2020, la pandemia del Covid-19 se globalizó, gracias a la extensa y acelerada red de trasportes aéreos, fluviales y terrestres por todo el orbe; durante los años 2021-22 ocurrió la parálisis en las cadenas de suministro de insumos esenciales y de tecnología como los chips; el comercio de los combustibles, y los insumos agrícolas se han paralizado, por los efectos ocupacionales de la pandemia, también por la tensión comercial entre China y Estados Unidos y, en los últimos meses, por la invasión rusa a Ucrania. Consecuentemente,  se han magnificado los defectos del mundo globalizado,  y se ha agravado la fragilidad de las economías interdependientes. 


La crisis del mundo globalizado,  más que sanitaria y económica,  es cada vez más ecológica: con el aumento de la temperatura global y la resultante turbulencia extrema en el clima, se constata más fácilmente que pocas décadas atrás, que muy pronto el planeta entero será inviable para la vida.  La salida hacia nuevas tierras y prósperas economías es cada vez más cosa del pasado: ya no quedan tierras vírgenes para la conquista. En un futuro cercano, posiblemente, una ínfima élite de súper-ricos podría huir del planeta hacia inciertos y aventurados horizontes, en confines cercanos de la tierra. 


Aunque, para los hombres de negocios, “en vez de un sol amanece un dólar” (como diría Rubén Blades), en la tabla siguiente se compara el estado de la moneda nacional con el estado del planeta, a lo largo del último medio siglo. 


Incremento en el precio del dólar, comparado con el aumento de la temperatura global

Año

Precio del dólar en Colombia

Temperatura del planeta

En grados Celcius

1970

$20

0.03

1980

$51

0.26

1990

$569

0.45

2000

$2.232

0.39

2010

$2.044

0.72

2022

$5.000

1.15


Con la temperatura de 1.15 (que a países como Colombia tiene en una nueva emergencia climática), vivimos eventos climáticos extremos, que cada vez serán más calamitosos. Por lo demás, estamos muy cerca del umbral de los 2 grados celsius (que es el límite, por cierto bastante gatopardista,  que se habían trazado diversas naciones en la cumbre parisina de 2015). 


El calentamiento global es más grave e irreversible que el encarecimiento del dólar: un planeta más caliente hace cada vez más inviable la vida, un dólar más caro castiga a la sociedad de consumo. Tristemente, los ojos del mundo de los negocios se centran en la salud de las monedas. 


La crisis ecológica y la tiranía del dólar se pueden afrontar con una medicina común, a saber: una economía de la frugalidad y de la subsistencia dignas y prósperas, soportadas en dos sectores básicos, esto son: la producción local y nacional de productos agrícolas con insumos orgánicos (para lograr la autosuficiencia alimentaria, la producción de alimentos cero kilómetros), y la economía de los servicios para cuidar al prójimo y a la naturaleza. 


La enorme moderación (incluso el racionamiento) en el gasto de energías y de materiales, al igual que el ocio, deberían ser una prioridad, en particular, en un gobierno del cambio, en momentos de crisis global. Lo pertinente es una transición energética, trabajando la moderación y la frugalidad por el lado de la demanda. 


Hemos llegado a un punto en el que tenemos que renunciar a lujos y viajes, y también a riqueza especulativa, para concentrarnos en una economía del goce y de la subsistencia, sobre las bases de la moderación en el consumo material. La inmensa mayoría de la humanidad tan sólo podemos tener uno y solo un planeta, que no soporta la huella ecológica de sociedades acomodadas y materialistas como la estadounidense y la europea.





*Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Escritor y conferencista. Estudioso de la acción noviolenta en política y en economía, y de la cultura ciudadana. E-mail: documentosong@gmail.com. Instagram: fredy64cante 

Comentarios

Entradas populares