Espacio y tiempo. El mínimo vital



Emmanuel Benavides *


¿Alguna vez ha escuchado o sabe que significa el mínimo vital en la sociedad? Me gustaría empezar aclarando y definiendo que en la sociedad el mínimo vital está concebido como el monto económico o de recursos mínimos que una persona debería tener para su supervivencia, existencia y desarrollo. Este concepto no sólo es cuantitativo, sino también nos habla de lo cualitativo del asunto.


 Mientras hablaba con un amigo sobre el mundo, los compromisos, las metas, los sueños y demás, no dejaba de pensar en el mínimo vital de espacio y tiempo de las personas. Y es que cuando hablo de tiempo me refiero al tiempo que cada persona tiene en su vida para ser; lo que sea que signifique eso, para pensar, para entender; pero ¿entender qué? ¿El mundo, la vida, el ser humano? Aún no lo sé. Quizá para no hacer nada o hacer muchas cosas a la vez, en fin, para existir. 


Y entonces, me he quedado en este lugar profundo y fluido de mi mente llamado pensamientos por bastante tiempo. Veo a mi alrededor a las personas haciendo cosas; muchas cosas, que pueden o no, significar algo. A veces, me llego a sentir abrumado por esa sensación que tengo de que la gente hace mucho, pero con eso y todo, no hace nada. 


Cuando hablo del espacio físico, me refiero al lugar en donde desarrollamos nuestra vida, en donde trabajamos, hacemos lo que nos gusta e incluso, lo que no nos gusta. En consecuencia, pienso en los espacios pequeños en donde muchos habitamos en este siglo y me sorprenden los costos que debemos pagar por estar ahí. Y entonces, imagino las casas gigantes de campo; con ventanas grandes por donde atraviesa la luz. Imagino el calor de la chimenea, pienso en el frío y en los animales, y repentinamente, extraño eso, incluso si nunca he vivido en una de esas casas o si quizá nunca llegue a vivir en un lugar así.


 La simple idea de tener espacio me emociona y paralelamente, me llena de melancolía por la realidad en la que vivimos, a veces me siento ahogado, cercado, amarrado o enterrado en una estructura de concreto y metal, en un sistema que resulta ser una prisión. Pregunto entonces, ¿Cuál es el mínimo vital para que una persona tenga el tiempo y el espacio de ser?


También reflexiono en las razones que nos llevan a no tener ese desarrollo ideal; factores tales como la necesidad de ganar dinero y las preocupaciones del día a día son los que; en mi opinión, predominan en la vida del ser humano. Con bastante seguridad me atrevería a creer que esa es una de las mayores y más profundas causas por las que el ser humano ha venido decreciendo en cuanto a conocimiento de sí mismo y de todo a su alrededor. En realidad, no es que no se quiera ser, quizá es que ya no hay tiempo o espacio para hacerlo.  


En contraposición, no podemos invisibilizar el esfuerzo que en la actualidad se hace por mantener viva esa conexión dentro del ser humano, con el tiempo se han venido creando nuevas formas de autoconocimiento, reflexión y de formas creativas que ayudan a que no se extinga esa habilidad de construcción y deconstrucción del ser. 


Es el tiempo para hacer lo que quieres, para leer, escribir, escuchar música, pintar, cantar, no hacer nada más que estar en tu sofá o salir a trotar, amar o sentir que eres amado; incluso y más importante, si eso significa amado por ti mismo, es lo que realmente importa; esto es tan trascendental como concibo cualquier otra necesidad del ser humano. 


Asimismo, tener el espacio idóneo para hacer eso es tener grandes y pequeños lugares, bosques, ríos, campo abierto y espacios cerrado, una cama, una habitación, una casa digna, una terraza con aire fresco, una calle segura o lo que sea a lo que tu podrías llamarle un lugar en donde puedas ser, y no ser también. En todo caso, ¿No les ha pasado que a veces sienten que el mundo pasa y ustedes se quedan congelados en el espacio-tiempo?


A veces, estamos tan preocupados por vivir lo que creemos que “debemos”, sin darnos cuenta que lo que vemos no siempre es lo mejor, y que quizá, no existe eso de “lo mejor” para alguien. Y entonces, sufro, sufro de una forma intensa por la idea de algún día no tener el tiempo ni el espacio en mi vida para ser y existir. Quizá en la idea de no ser, se está siendo y por consiguiente existiendo. Pues siento, que la búsqueda de la identidad es precisamente des identificarse y son el espacio y el tiempo los que nos permiten hacerlo, y si no tenemos eso en el mundo, entonces, ¿Qué tenemos? ¿Qué seremos?



* Estudiante de Ciencia Política con gusto por el análisis de temas internacionales, de desarrollo humano, conflicto y diplomacia. Políglota, lector apasionado, fascinado por las culturas del mundo y la tecnología.


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